Llegaba el Madrid a la cancha del Bayern en situación de altísimo riesgo. Sin Rudy y sin Nocioni, y obligado a ganar para no quedar eliminado en la primera fase (aún le hubieran quedado opciones con una derrota, pero rocambolescas). Por su parte, los alemanes, comandados por un excepcional KC Rivers (lamentamos tu marcha, y no sólo por esos 22 puntos de anoche), estaban concienciados con su papel de verdugo, desde los jugadores hasta el público, que ponía los pelos de punta con su sincronización perfecta a la hora de dar las palmas. Todo se hallaba, pues, a punto para la ejecución.
El partido empezó, y los pívots alemanes (intercambiables en su rol) comenzaron a golpear, con KC haciendo daño desde el triple. El Madrid frágil de este comienzo de temporada ha desconectado en muchos ambientes similares, pero ayer no quedaban comodines, de modo que se rehizo de la primera ventaja bávara (buenos puntos de Savanovic) agarrado a un brutal Ayón. En el segundo cuarto la segunda unidad perdió frescura en ataque, pero a cambio mantuvo el tipo en defensa, con gran aportación de los cinco minutos de Mauricio NDour, a quien llamaremos de aquí en adelante Mauri, siquiera para compensar sus dos metros. En cualquier caso, y pese al buen hacer defensivo, poco a poco el Bayern fue recortando distancias, hasta llegar al descanso por delante, 38-36. Todo apuntaba a un sufrimiento terrible tras la reanudación.
Sin embargo, como los misterios del Lasystem son inescrutables, en el tercer cuarto lo que vino fue un tsunami. Con un Sergio Rodríguez excepcional en la dirección (10 asistencias) y el acierto, con un Llull en su mejor partido de la temporada, y, sobre todo, con un titán mexicano que alternó robos y tapones atrás con un destrozo en el aro rival, el Madrid pasó por encima del Bayern con un parcial de 2-21. Los alemanes se miraban atónitos, tentándose la ropa. Aquello no estaba en el guión. Sólo Rivers luchaba contra los elementos, quién sabe si más por orgullo que por convencimiento (6/7 en triples). Hubo tiempo para que Taylor, Thompkins o Maciulis aportaran sus jugadas y puntos, y hasta para que Luka Doncic (¡16 años!) subiera la bola protegiendo con el cuerpo su punto flaco, el bote, como si fuera un Prigioni con el culo pelao. Que este chico va a romper la barrera del sonido lo sabe hasta el papa emérito, que por cierto es alemán e hincha del Bayern, así que a mamar.
El último cuarto fue una gestión responsable sin estridencias por parte del Madrid, algo así como lo que pretende hacer Carmena. Las palmas del apocalipsis se fueron apagando, y Laso se aflojó el nudo de la corbata en el lugar más difícil. 67-86 fue el marcador final. Si ganamos al Estrasburgo en casa, estamos dentro. La semana que viene, más.