Empezó el Madrid muy serio y concentrado, con la conexión Vinicius-Benzemá como puntal ofensivo. Pese a lo cual, el gol tempranero lo acabaría metiendo Lucas Vázquez. El Barcelona parecía despistado, y en los 25 primeros minutos el Madrid pudo colocar alguna puntilla inesperada (probablemente ni los propios madridistas se esperaban el escenario que se avistaba por momentos). Sin embargo, Vinicius culminó las jugadas para el 0-2 de manera atropellada, y poco a poco los culés se fueron rehiciendo.
El Barcelona tomó el balón, y el Madrid se aprestó a defenderse, aunque presionando arriba. Afortunadamente, la banda de Jordi Alba no era la autopista del encuentro de liga, pues Lucas se mataba a ayudar a Carvajal, y las carreras del canterano suponían de alguna manera la metáfora del partido. Con el paso de los minutos la presión alta del Madrid se fue agotando, y se llegó al descanso después de un período de achicar agua en el que Kroos, que constituía el único faro del mediocampo, veía pasar más balones por arriba de lo adecuado.
En la segunda parte, la banda de Marcelo, que ya había sido explotada por Malcolm en el primer tiempo, se convirtió directamente en un coladero. Vinicius hubo de transformarse en un Lucas Vázquez por la izquierda, pero no fue suficiente. Malcolm consiguió el empate tras un poste de Suárez, en una jugada que condena a Marcelo por su trote cochinero infame. Se perdonan los errores pero no la actitud en este tipo de eliminatorias.
Se lesionó el hiperactivo Llorente y entraron Arturo Vidal, Messi y la regleta de Cardiff, cambiando la obra de protagonistas. El FCB perdió algo de fuelle y el Madrid se volvió a estirar, consiguiendo una última ocasión de oro que Bale, sin portero, no atinó a marcar de forma vergonzosa. Quedó todo para el Bernabéu. Habida cuenta de la cantidad de goles que suele marcar el conjunto azulgrana, ningún madridista puede estar del todo contento con el resultado de hoy. Pero es lo que hay.