Probablemente haya sido el torneo de baloncesto de selecciones que menos me ha enganchado en los últimos años. No por culpa del mayor o menor nivel demostrado, sino por mi hastío para con el deporte de la canasta tras el palo que nos metió, para mí inesperadamente, el Valencia Basket a principios del verano. No obstante, algunas conclusiones de lo que he visto del mismo (a partir de cuartos de final), con pinceladas específicas para madridistas:
-Eslovenia ha demostrado ser el mejor conjunto sin discusión. Emocionantísimo partido de cuartos de final contra Letonia, vendaval que pasó por encima de España y victoria ante los siempre complicados rusos. Comandados desde la dirección por dos cracks: Goran Dragic y Luka Doncic. Colocar a nuestro chaval a la misma altura de semejante jugador pudiera parecer sobrevaloración de forofo, pero es que lo de Luka ha roto ya todos los esquemas. Dragic es extraordinario, con un talento y una determinación que demuestran que en la NBA no es precisamente un figurante. Mas me atrevo a decir que Doncic ¡a sus 18 años! tiene mejores fundamentos a la hora de conocer el juego. Resulta impresionante observar la inteligencia en pista del muchacho. Reparte el juego de forma que mantiene a todos enchufados (justo lo contrario de Llull, que es un torbellino individualista), pese a que todos apuntan a que su posición natural evolutiva es la de alero, o al menos escolta. No sé, me parece capaz de dominar los partidos desde cualquier zona. Randolph estuvo suelto como segundo espada, dejando muestras de su calidad y su carácter (es decir, una de cal y otra de arena). Quizá la NBA lo vuelva a tentar. Por decir algo más, me gustó el carismático Blazic y no comprendo cómo Prepelic sigue en la liga francesa. Me parece el sustituto ideal para nuestro Carroll, al que adoro pero debe de tener más años ya que la Tarasca.
-Rusia, la otra semifinalista, nos deja dudas. Que es un equipo muy potente resulta obvio, pero no parece capaz de liberarse del punto de excesiva frialdad que arrastra desde tiempos inmemoriales (el año que ganaron el europeo los comandó un norteamericano nacionalizado, el basket es muy cachondo). El CSKA de Moscú, club más representativo del país, adolece del mismo mal. En términos madridistas, el pívot Kuzmic deja algunas dudas (si Tomic os parecía mingafloja...), y más teniendo en cuenta el "gran rendimiento" que Laso suele sacar a los cincos de ese perfil (en realidad a cualquier cinco que no tenga la velocidad de desplazamiento y maniobrabilidad de Ayón). La lucha de los Putin's boys frente a Serbia, por otro lado, puede resultar engañosa en tanto en cuanto, quitando a Bogdanovic, la selección balcánica no había llevado a la plantilla de gala, y aun así, con varias marchas menos, llegaron a la final.
-España. Aquejados de un par de lesiones y malos momentos de forma claves, afrontábamos mermados este campeonato. Con un acierto perimetral más que limitado, fiando todo el juego ofensivo en los momentos calientes a lo que los Gasol pudieran rascar en la pintura. Buenos aportes de los Hernangómez, quienes no llegarán al nivel de la pareja de hermanos original pero tomarán un relevo que diste de dar vergüencita, como parecía cuando la posición de cuatro y cinco la iban a heredar Claver y cía. Con menos puntos de los debidos, e hipotecados por el raulismo que supone descartar una plaza de la expedición llevando a Navarro, Eslovenia nos arrasó con justicia. No obstante, un bronce no es cosecha baladí por muy mal acostumbrados que nos hayan tenido hasta ahora.
Para el Real Madrid, lo mejor del europeo es que se haya acabado, teniendo en cuenta que ha dejado a Llull en el dique seco seis meses (más otros dos o tres hasta que coja la forma: la temporada tirada a la basura) y a Doncic con un esguince que va a hacer que nos plantemos en la Supercopa con sólo Campazzo como base puro. Como para pensar en ganarla. Aunque, qué coño, somos el Madrid, ¿no?