El partido comenzó con un dominio contundente por parte del Madrid. El Atlético se replegaba buscando algún balón largo a Torres, de manera estéril en la primera mitad. El centro del campo madridista, plagado de talento para la ocasión, no renunció a la seriedad (falso dilema, éste) ni al valor, y fue extendiendo su control inexorablemente. En defensa la colocación era precisa, y en ataque el equipo la movía con un toque ligero, con la tranquilidad que da tener a Modric al timón y con Isco, ese "jugador virguero de placeta sin talla para el Madrid", demostrando que los gestos técnicos con un sentido son mucho más dañinos.
El Atlético aguantaba la posesión rival pertrechado, como de costumbre, pero sin la comodidad rutinaria con la que suele. Cortaba el juego blanco con faltas, lo que tampoco suponía una novedad, mas el sábado las caras colchoneras mostraban un rictus desconfiado. La tensión se rompió con un tiro de falta de Cristiano que envenenó la barrera, haciéndolo imposible para Oblak. El Madrid se contuvo hasta el descanso, y el Atleti se abalanzó sobre las botellas de agua.
Tras la reanudación, el encuentro cambió de signo. La carga india no se hizo esperar, y los madridistas hubieron de formar barrera de escudos. En un primer momento podía parecer que el Madrid se acochinaba, pero pronto surgió el espacio y se vio el peligro que ofrecía a la contra. Poco después de que Koke llamara, según la prensa, "maricón" a Cristiano, éste disputó un balón largo y Savic le hizo un para mí claro penalti. El portugués lo transformó y lo celebró con la pose del pensador de Rodin, o algo parecido. A partir de ahí, la superioridad del Madrid volvió a ser incontestable, como en los tiempos de antes del Cholo (a.C.), y la puntilla del hat-trick de Cristiano se produjo gracias a un excelso pase de Isco y a la velocidad de Bale, que mostró las miserias de Juanfran. Los cambios de Zidane prácticamente se realizaron en el descuento.
El Madrid abre una pequeña brecha, pero queda tanto que casi da hasta vergüenza decirlo.