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miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mensaje a Europa en el Bernabéu

El Madrid de las cuatro Copas de Europa en cinco años quiere seguir enviando un mensaje al mundo. Qué partidazo frente a la Roma.

KEYLOR: Alguna palomita muy vistosa, aunque más estética que efectiva. Tiene el duende ese del que hablan los supersticiosos. Segundo portero en partidos en Copa de Europa con el Madrid, tras Casillas. No es casualidad.

CARVAJAL: Al fin un partidazo del lateral en esta temporada. A su despliegue constante le añadió un mayor acierto en el toque de balón y el juego. Muy bien.

RAMOS: Sobrio, sin complicarse ni liarla. Correcto.

VARANE: Buen partido del francés, con alguna anticipación buena, sin tampoco verse muy esforzado, la verdad.

MARCELO: Bastante más suelto que otros días, se prodigó en ataque con acierto. No es el mejor Marcelo que hemos visto, pero a medio gas sigue siendo mejor que muchos. Hoy no sufrió nada atrás, salvo alguna acción aislada.

CASEMIRO: Pérdidas de balón cuando tiene que sacarla jugada, pero con rivales como el del hoy puede jugar tranquilo y con los ojos cerrados.

MODRIC: Quien diga que está acabado es subnormal. El físico le castigará, claro, pero que no me jodan. Ojalá gane el Balón de Oro.

KROOS: Partidazo del reloj alemán. Lo de este tipo es un escándalo, y menos mal que Guardiola (derrota en casa contra el Lyon hoy, por cierto, la mentirita que son los equipos de la Premier League vuelve a demostrarse, jojojo) ya estaba calvo cuando lo malvendió al Madrid por 25 kilos, porque si no se hubiese arrancado los pelos a lo vivo allí mismo.

ISCO: Isco es muy lento, soba demasiado el balón, las vacunas dan autismo, las Copas de Europa del Madrid son de Franco, todos los políticos son iguales y bébete el zumo pronto que se le van las vitaminas. Pues eso. Pdta: que tire todas las faltas él, por la gloria de mi madre.

EL SACAPUNTAS DE CARDIFF: El tipo es sota, caballo, y rey. Velocidad, desmarque y remate. Pero qué jugadas nos deja. La referencia arriba.

BENZEMA: Bastante discretito hoy, no me gustó mi querido Karim. Bien Lasotegui (pun intended) dándole descanso.

AUSENCIO: Esa jugada a lo Laudrup que casi tira abajo el estadio impide que lo critique nunca más. Indolente pero bello, como a mí me gustan. En el campo y en el amor.

CEBOLLAS: Buenos detalles lo poco que pudo demostrar.

MARIANO: jojojojojojojojojojojo.

viernes, 2 de octubre de 2015

La batalla de Pidna

Cuando Perseo, gracias a sus intrigas, consiguió acceder al trono de Macedonia en el año 179 a. C., la República de Roma supo que tenía un problema. El nuevo rey de los macedonios tenía ambiciones expansionistas sobre Tracia (territorio que ocupa lo que hoy sería el noreste de Grecia, el sur de Bulgaria y la parte europea de Turquía) y estaba obsesionado con honrar la tradición conquistadora del pasado glorioso de su pueblo, cuyo máximo icono era la figura de Alejando Magno. Así, comenzó una campaña de hostigamiento que culminó con el estallido de la Tercera Guerra Macedónica.

Después de muchas derrotas debidas a la torpeza de unos cuantos cónsules ineptos, la República de Roma nombró como cónsul a Lucio Emilio Paulo. Se trataba de un hombre cabal de 60 años, que había combatido en Hispania y con un marcado sentido del honor. En el 168 a. C. llegó a la base romana en Elpeo  y comprobó que las tropas se dividían en desmoralizados y ociosos. Durante esa primavera se esforzó en espabilarlos, y apenas llegó el verano, el 22 de junio, se las vio con Perseo en la batalla de Pidna.

Los macedonios no tenían el prestigio luchador de los romanos, algo realmente injusto. Avanzaban en perfecta formación de falange, con unas lanzas de 7 metros que hicieron retroceder a los legionarios. El empuje macedonio llevó a los soldados de LEP a los pies del monte Olocrus. Desesperados, tuvieron que continuar en su marcha atrás, obligados a subir de espaldas por aquellos pedregosos terrenos. La situación era desesperada cuando Salvio, uno de los comandantes romanos más astutos, se acercó al cónsul y le explicó que la solución pasaba por hacer de la necesidad virtud. Es decir, por usar el terreno a su favor.

Y en efecto, el accidentado escenario hizo que la perfecta formación en falange de los macedonios abriera unos pocos espacios. Lucio Emilio Paulo no lo dudó, y mandó a sus hombres a que se colaran en aquellos huecos y tiraran de espada corta de doble filo. La táctica fue un éxito. Perseo no daba crédito a lo que había sucedido. La escabechina macedonia fue terrible. 20.000 muertos en el bando macedonio, menos de 1.000 en el romano. Los combates aislados de cada legionario en su hueco decidieron la batalla de Pidna, y, como consecuencia, la Tercera Guerra Macedonia y el dominio romano en todo el Mediterráneo. Habían ganado los individuos frente al bloque, el talento adaptativo de la inspiración frente a la disciplina férrea del conjunto. 




Ojalá este domingo, en el Calderón, pase lo mismo.