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martes, 12 de febrero de 2019

La hora de la verdad

Toda la trayectoria ascendente del Madrid de Solari, todos sus aciertos, todos sus errores, todas sus contradicciones, toda su posible gloria, todo su previsible fracaso, todo, en fin, cuanto rodea al equipo blanco deja de tener importancia, languidece inexorablemente ante la presencia de la Competición (escrita así, con mayúsculas), que ya no es un horizonte lejano para el que prepararse o ante el que angustiarse, sino que al fin está aquí. Ahora da igual Keylor que Courtois, Marcelo que Reguilón, Casemiro que Llorente, Modric que Ceballos, Vinicius que Bale, Isco que cualquiera. El Madrid nació para esto y, justo o no, su rendimiento en este torneo marcará su temporada. Ya hay sabandijas que han pasado de denominar al Ajax como el equipo revelación del curso europeo 2018-19 a una banda sin nada valioso que ofrecer. No resulta nuevo, pero es irrelevante. El Madrid compite siempre, por encima de con los demás, consigo mismo, y solo cuando es capaz de dominar las corrientes autodestructivas siempre presentes en su seno, se alza y triunfa.

Veremos si este año sucede, o no.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Mensaje a Europa en el Bernabéu

El Madrid de las cuatro Copas de Europa en cinco años quiere seguir enviando un mensaje al mundo. Qué partidazo frente a la Roma.

KEYLOR: Alguna palomita muy vistosa, aunque más estética que efectiva. Tiene el duende ese del que hablan los supersticiosos. Segundo portero en partidos en Copa de Europa con el Madrid, tras Casillas. No es casualidad.

CARVAJAL: Al fin un partidazo del lateral en esta temporada. A su despliegue constante le añadió un mayor acierto en el toque de balón y el juego. Muy bien.

RAMOS: Sobrio, sin complicarse ni liarla. Correcto.

VARANE: Buen partido del francés, con alguna anticipación buena, sin tampoco verse muy esforzado, la verdad.

MARCELO: Bastante más suelto que otros días, se prodigó en ataque con acierto. No es el mejor Marcelo que hemos visto, pero a medio gas sigue siendo mejor que muchos. Hoy no sufrió nada atrás, salvo alguna acción aislada.

CASEMIRO: Pérdidas de balón cuando tiene que sacarla jugada, pero con rivales como el del hoy puede jugar tranquilo y con los ojos cerrados.

MODRIC: Quien diga que está acabado es subnormal. El físico le castigará, claro, pero que no me jodan. Ojalá gane el Balón de Oro.

KROOS: Partidazo del reloj alemán. Lo de este tipo es un escándalo, y menos mal que Guardiola (derrota en casa contra el Lyon hoy, por cierto, la mentirita que son los equipos de la Premier League vuelve a demostrarse, jojojo) ya estaba calvo cuando lo malvendió al Madrid por 25 kilos, porque si no se hubiese arrancado los pelos a lo vivo allí mismo.

ISCO: Isco es muy lento, soba demasiado el balón, las vacunas dan autismo, las Copas de Europa del Madrid son de Franco, todos los políticos son iguales y bébete el zumo pronto que se le van las vitaminas. Pues eso. Pdta: que tire todas las faltas él, por la gloria de mi madre.

EL SACAPUNTAS DE CARDIFF: El tipo es sota, caballo, y rey. Velocidad, desmarque y remate. Pero qué jugadas nos deja. La referencia arriba.

BENZEMA: Bastante discretito hoy, no me gustó mi querido Karim. Bien Lasotegui (pun intended) dándole descanso.

AUSENCIO: Esa jugada a lo Laudrup que casi tira abajo el estadio impide que lo critique nunca más. Indolente pero bello, como a mí me gustan. En el campo y en el amor.

CEBOLLAS: Buenos detalles lo poco que pudo demostrar.

MARIANO: jojojojojojojojojojojo.

domingo, 27 de mayo de 2018

13 Copas de Europa

Podría limitarme a enumerar los logros que hacen que esta Copa de Europa sea única. La tercera seguida, primera ocasión que se consigue con el formato de Liga de Campeones. Cuatro Copas de Europa en cinco años. Cuatro Copas de Europa en cinco años de la era Messi, el Di Stefano culé. Primer equipo que gana en el mismo año la Copa de Europa de fútbol y baloncesto. 

Solo con esto, la entrada está ya hecha. La dimensión de la hazaña es tal que quizá añadir más párrafos a la lacónica afirmación sea contraproducente, como esos escritores intensitos que fracasan a la hora de describir el sexo o un orgasmo poniéndolo todo perdido de adjetivos, tanto que al final la escena parece más una mantilla de encaje o algo grimoso antes que un polvo.

Tampoco podría desgranar mejor el partido que nuestros cronistas de guardia, que han vuelto a diseccionar todo con exquisita precisión. Yo puedo decir que estaba tranquilo al ver a Ramos en defensa y que lo de este hombre en las grandes citas es una cosa descomunal, sin arrugarse cuando los del Liverpool rascaban o ese cretino que responde al nombre de Mané le daba un puñetazo, momento hurtado por la realización; que un ciertamente errático Isco lo dio todo y su ausencia se notó a la hora de buscar ofrecimientos cuando se marchó; que Marcelo, Modric y el alemán son lo más parecido al maná centrocampístico por el que siempre ejecuté mis plegarias; que Benzema es un diletante talentoso, vago y contradictorio, insoportable para las personas íntegras 24/7 a las que les desespera su falta de ambición, y por eso lo quiero tanto, porque en cierta manera es como yo; que Cristiano y Bale son dos martillos pilones pero que demuestran que el Madrid no ha pasado por ellos como sí por sus compañeros, y es una pena; que Keylor no blocará en su vida un balón por alto pero creo que tampoco va a perder una eliminatoria a cambio, y no parece mal pacto; que Karius nos da pena porque somos buenas personas, pero cuando nuestro portero le regala el tercero a la Juve o se come por su palo el tiro de Kimmich, la crítica es a hacer sangre; que hace solo unas horas que tenemos trece, y a mí ya me están empezando a parecer pocas. Por eso esta mañana he estado empujando al equipo de baloncesto en su victoria ante el Iberostar Tenerife, en el play-off de cuartos de la liga.

Algunos considerarán una maldición que en el Madrid las cosas solo valgan un cuarto de hora. El eterno retorno nietzscheano en un club: nada importa de lo conseguido, sino lo que está por venir. Jugar a tumba abierta cada encuentro como si nada contase puede parecer una injusticia, pero, si lo pensamos bien, es un privilegio. La vida es una sucesión de renuncias y de momentos irreversibles que impiden los nuevos comienzos idénticos: la muerte de un familiar, la pérdida de una amistad, una ruptura amorosa, la marcha de casa de un hijo, la decadencia física del envejecimiento, o el diagnóstico de una enfermedad. Puntos de inflexión a partir de los cuales uno se reinventa, sí, pero ya nada es lo mismo. El Madrid desmiente esto. Para el Madrid no importan 10, 12, 13 o 14, porque a las pocas horas volvemos a la casilla de salida. Una inagotable bola extra: el inconformismo como zona de confort. El mejor antídoto contra el paso del tiempo.

Felicidades.


jueves, 12 de abril de 2018

El penalti de Benatia en la prensa internacional

Vista la jugada una y otra vez, creo que es penalti, más que por el empujón, por el golpe en el costado con la pierna. Me he pasado por la prensa internacional, a ver qué opinan:

La Gazzetta dello Sport
EN LA PORTADA: "La rabia y el orgullo. La Juve domina al Real en Madrid pero sale por un penalti muy dudoso al 97'
EN LAS PÁGINAS INTERIORES: "la intervención del defensor es arriesgada, pero al mismo tiempo interpretable. El español intenta el control del centro de Ronaldo, Benatia viene desde atrás e intenta todo con la pierna izquierda para quitarle la pelota. Por supuesto, hay un apoyo mínimo con las manos y luego también un contacto a la altura de la axila. En resumen, las dudas sobre la legalidad de la intervención son legítimas, pero también los son las de quienes creen que la entrada de Benatia no es punible".

L'Équipe
EN LA PORTADA: "La buena estrella del Real. En el tiempo adicional, Ronaldo transformó un penalti justo".

Olé
EN LA PORTADA: "Es el penal Madrid. Polémica eliminación a la Juve".

Daily Mail
EN LA PORTADA: "Árbitro Oliver en caos rojo".
EN LAS PÁGINAS INTERIORES: "Michael Oliver acertó al pitar un penalti final al Real Madrid y expulsar a Buffon... Se mantuvo calmado y tomó una decisión valiente".

Guardian
EN LA PORTADA: "Ronaldo salva al Madrid con un penalti al final".

 

viernes, 6 de abril de 2018

Detalles en Turín

Nuestro querido Diego siempre afirma que la suerte en el fútbol es muy relativa, y pone el ejemplo de que un penalti dentro o fuera, ejemplo paradigmático que se suele utilizar para ilustrar el azar en el fútbol, viene dado por una serie de factores (habilidad, templanza, autocontrol, etc.) que impide que podamos hablar estrictamente de mera fortuna. 

No le falta razón, desde luego, pero esto no quiere decir que los futbolistas (y muchos otros, todos en realidad, en distintos ámbitos de la vida) puedan controlar de manera consciente todos y cada uno de los aspectos de la actividad que desempeñen. A menudo hacemos las cosas sin pensar detenidamente cada uno de los pasos del mecanismo, de modo que, siendo cierto que somos los ejecutores de nuestro destino, nuestros propios sesgos o incapacidades nos impiden hacer cálculos previos con una precisión total. En definitiva, todo este peñazo se puede resumir en un perogrullo: no somos máquinas.

Pensaba esto cuando leía el debate acerca de la chilena de Ronaldo como factor decisivo que cambió el rumbo del partido de cuartos en Turín. ¿Son los goles conseguidos en jugadas aisladas (es decir, no producto de un dominio importante del juego) suerte, detalles o cómo lo podemos llamar? Para mí, son los momentos que hacen impredecible el fútbol, y que convierten un deporte de corto tanteo que tenía todas las papeletas para ser un pestiño, en algo tan adictivo. Ah, la impredecibilidad.

Las consecuencias de esos detalles, de esas acciones solo parcialmente controlables, son devastadoras. Se habla de que sin el 0-2 la Juve nos hubiera terminado ganando. Es posible. Pero yo tengo otros recuerdos en Turín. Un partido de ida de semifinales, en esta ocasión, con un entrenador italiano en nuestro banquillo. Un partido con empate a uno, y con múltiples ocasiones a nuestro favor. Y un balón rematado por James a escasos centímetros de la línea de gol que se estampó incomprensiblemente en el larguero. El Madrid terminó perdiendo el partido, la eliminatoria, la posibilidad de quitarle el triplete al Barcelona y la continuidad de Ancelotti.

Mismo lugar, poco tiempo entre ambos episodios. Suerte, detalles, falta de control, sesgos. 

Fútbol.

jueves, 1 de marzo de 2018

París bien vale una misa

Durante la segunda mitad del siglo XVI, Francia sufrió un conflicto conocido como las Guerras de religión. Se trató de una serie de ocho enfrentamientos por el trono del país entre los protestantes (conocidos como hugonotes y apoyados por Inglaterra) y los católicos (apoyados por Felipe II de España). Después de multitud de batallas, acuerdos, traiciones y matanzas, Enrique III de Francia, de la casa Valois-Angulema, católico y sin descendencia (descrito como un rey sin carácter, y catalogado por algunos historiadores como -sic- "afeminado"), aceptó como su sucesor a su pariente lejano Enrique de Navarra, de la casa de Borbón y hugonote. Un tercer Enrique, de la casa Guisa, también católico y aspirante al trono, protestó ante la posibilidad de que un hugonote se alzase con el poder. Apoyado por España y la Liga Católica, Enrique de Guisa aglutinó a los católicos en torno a su figura, pero fue asesinado por Enrique III. En venganza por este magnicidio, los partidarios de Guisa asesinan al propio Enrique III, quedando el trono al fin en manos de Enrique de Navarra, con toda la Francia católica en contra. En ese momento, el nuevo rey abjura de su protestantismo pronunciando la famosa sentencia ("París bien vale una misa"), convirtiéndose al catolicismo por el qué dirán (al mismo tiempo promulgaría el edicto de Nantes, que facilitaba la libertad de conciencia y culto a sus partidarios hugonotes; una de cal y otra de arena, pues) y acabando con las Guerras de religión. 

El Real Madrid afronta el partido clave de la temporada en medio de una guerra civil que ríase usted de la francesa. Con los mejores hombres lesionados (Marcelo, Modric y Kroos, que se dice pronto), mientras ve cómo el rival suple la baja de su jugador estrella con un diabólico extremo argentino resentido con el club blanco. A cinco días para el partido, los aficionados ignoramos el planteamiento que nuestro entrenador tiene pensado. ¿Recurrirá al 4-4-2 con Lucas y Asensio en las alas? ¿Cómo habría de hacerlo si nuestra pareja de armadores de juego no parece estar en condiciones de llegar al encuentro? ¿Isco será castigado por su desplante en Cornellá? ¿Usaremos a la catapulta de Cardiff desde el comienzo de la batalla? ¿Tendrá Benzema su última oportunidad (me da la risa)? ¿El Bicho demostrará que se ha preparado para estos dos meses? ¿Habrá cambios antes del minuto 77 de partido? ¿La belleza griega de Rabiot nos destruirá, o será la velocidad de Mbappé? ¿Quizá la contundencia de Cavani junto a la electricidad vengativa de Di María? ¿Emery nos volverá a echar una mano? ¿Nacho dará la talla, nos salvará Ramos? ¿Qué portero de los dos cantará? 

No sé si Zidane nos sorprenderá con algo preparado. Desde luego, yo no me quejaría. París bien vale una misa.


jueves, 7 de diciembre de 2017

El bálsamo de Dortmund

Si exceptuamos la temporada 2012-13 con los cuatro goles de Lewandowski, el Madrid tiene buenos recuerdos con el Dortmund. Algunos pintorescos, como el episodio de la portería del 98, otros contundentes como el 3-0 del año de la Décima, alguna película de terror que termina bien (quién sabe si aquel cambio de Casemiro por Illarramendi fue el detonante de la carrera blanca del brasileño)... Incluso el día más aciago nos brindó un heroísmo en el encuentro de vuelta, que adquirió tintes románticos al no completarse y colocó un broche poético y melancólico a la (hasta entonces desastrosa y sin nada que destacar) última temporada de Mourinho. El Borussia, pues, hasta nos otorgó la oportunidad de ser el Atleti por un día.

Anoche, nuestro querido amigo alemán falló lo infallable, permitió a Cristiano reencontrarse con el gol, y sirvió de perfecto sparring para que destacasen, cada uno a su modo, Ceballos, Asensio y Llorente. Un 3-2 que no arregla nada pero que debería darnos algo de cuartelillo ante la llegada del Sevilla, previa a nuestro viaje a por el Mundialito (hay que ganarlo, así tendremos tres, más las tres intercontinentales). 

Gran club, el Dortmund. Ojalá le vaya de la mejor forma posible.

martes, 26 de septiembre de 2017

Gustazo en Dortmund

Hace ya bastante tiempo que las visitas del Madrid a Alemania no suponen la infame travesía del llanto y el crujir de dientes de antaño. Tampoco son un crucero del IMSERSO, ni mucho menos, pero después de la sangre que los madridistas hemos tenido que sudar allí... Y eso que yo no viví las décadas de los setenta y ochenta. Los datos hablan por sí mismos: en los últimos tres años y medio hemos ganado dos veces en el estadio del Bayern, otras dos ocasiones en el del Schalke y una en el del Dortmund. Hasta entonces sólo podíamos apuntarnos una victoria en campo de un equipo de la Bundesliga: frente al Leverkusen alrededor del año 2000. No, cualquier tiempo pasado no fue mejor. 

Fue una invitación a partirse la cara lo que nos ofreció el Borussia, y a fe de que si no lo hicimos con más contundencia es porque la pegada del Madrid se trata de un cuento asustaviejas que ya no se cree ni Roberto Gómez (bueno, igual éste sí). Dos manos a mano desperdiciados de forma incomprensible entre Carvajal (mal inicio de temporada el suyo, hoy algo enderezado aunque insuficiente) y Cristiano dieron paso a un penalti no pitado a Ramos por mano dentro del área. Los blancos no se pusieron nerviosos y continuaron dominando y castigando la adelantada defensa amarilla. Un excepcional enganche de Bale a pase de Carvajal puso el 0-1. Y lo peor era el resultado.

Tuvo el Dortmund algunas, no lo vamos a negar, pero Sergio Ramos estaba en modo grandes noches europeas. Magistral el encuentro del de Camas, al que por cierto le hicieron un penalti en la segunda parte que fue hurtado de las repeticiones. Daba igual, porque poco después Kroos volvía a sacar el tiralíneas y colocaba un balón al espacio para Bale que acabaría rematando el Bicho. El gol de Aubameyang escasos minutos después supuso más espejismo que otra cosa. Las ocasiones del Real Madrid continuaron goteando: una caída de Bale dentro del área, un disparo de Isco a las nubes, un paradón a remate de Ramos, un mal control de Asensio encarando al portero... El tercero, también de Ronaldo, fue un chut de tremenda potencia que levantó a una niña de la grada a la que estoy en trámites de adoptar.

Se coloca el Madrid en posición cómoda en el grupo de la Copa de Europa. Tras una visita a Alemania. Al final el Nobel a Bob Dylan no se trataba de una frivolidad. The times they are a changing.


 

jueves, 11 de mayo de 2017

El último derby en el Calderón (II)

Como si el dios del fútbol rechazara la idea de que el último derby en el estadio Vicente Calderón consistiera en un partido resuelto desde la solvencia, sin épica, las bolas del sorteo emparejaron una vez más al Real Madrid y al Atlético, regalándonos un episodio extra. Después de todo el sufrimiento, a posteriori podemos decir que ha merecido la pena con creces.

Espoleó Simeone a los suyos desde el comienzo, con una intensidad que había desbordado los cauces estrictamente deportivos. No me refiero tanto a la ristra de patadas que los colchoneros dieron como al estado de excitación febril que se cultivó en el entorno atlético durante toda la semana. Se impuso un aura tribal que sacó lo mejor (el tesón) y lo peor (las agresiones de la afición, suavizadas por la prensa con base en una superioridad moral injustificada). El equipo rojiblanco, llevado en volandas por su público y con una presión que pilló despistados a los defensas madridistas, se colocó 1-0 y encontró el campo cuesta abajo. La sucesión de desdicha y nervios culminó con un absurdo penalti de Varane, transformado (ilegalmente, si nos ponemos tiquismiquis) por Griezmann.

Con el estadio en un éxtasis enfervorecido, Isco pidió la pelota. Cosido a patadas, no se arredró, y a partir de las combinaciones con sus socios en la media (hoy Modric sí fue Modric), dio un poco de aire al Madrid. Marcelo estaba impreciso y Danilo suficiente tiene con no pifiarla. Ausente la profundidad que ofrecen habitualmente los laterales, los ataques blancos no eran sino una forma de defenderse en torno al balón. Atemperó la fuerza atlética, y lo peor para los merengues pasó. No empezaría a llover hasta mucho después, pero la tormenta comenzó en ese momento, con un rayo, de forma absolutamente inesperada.

Dijo Lucas hace unos días que Benzemá "es un verso libre que tiene un ejército de admiradores de su calidad técnica". Me pareció la mejor definición posible del francés, y su gol (lo marcó Isco, pero el gol es suyo) resultó absolutamente fiel a esa esencia. Una jugada individual, rocambolesca, en la que forzar el córner ya hubiera supuesto más premio del esperado. Benzemá avanzó como un equilibrista por la línea de cal, sorteando contrarios casi sin querer, como él hace las cosas, pasando del arrinconamiento ante tres defensas a la asistencia límpida para Kroos. El remache de Isco, ya digo, terminó siendo una anécdota, tras lo que acababa de acontecer. 

El partido murió ahí, por más que luego hubiese ocasiones para ambos bandos. La foto del último derby quedó embellecida por una cortina de agua, bajo la cual Keylor se reivindicó, el centro del campo madridista racionalizó las pasiones y Gabriel el que se dejó perder en el Zaragoza mereció la expulsión unas doscientas dieciséis veces. El Calderón se despidió de Europa con su costumbre narcisista de cantar gustándose, ("no somos como vosotros"), atribuyéndose ridículamente una grandeza espiritual ajena a lo que sucede en el césped. Atrapados en su patética paradoja: presumir de humildad. Reducidos a un oxímoron.

Importa poco, desde luego, teniendo en cuenta los retos que nos quedan por delante a nosotros. La sombra de la Juventus en Cardiff es tenebrosa. Pero después de esta noche, se antoja más importante aún conseguir la Duodécima. Si el Madrid gana la Copa de Europa, la genialidad de Karim se igualará al taconazo de Redondo, como mínimo. Ambas jugadas, sobredosis de magia imprevisible, en el instante necesario. No, no lo pueden entender.



martes, 14 de marzo de 2017

Decepción sevillista

Me senté a ver el Leicester-Sevilla con una sensación extraña, como si estuviese contemplando un encuentro de una liga extranjera. Generalmente suelo tomar partido, aunque sea levemente, por el equipo español en liza. Pero, quizá imbuido por mi estado de ánimo de estas semanas, la apatía me impidió siquiera fingir interés por el resultado de la contienda en ningún momento. El Sevilla es un conjunto que se esfuerza en caer antipático, prolijo en declaraciones vocingleras y altisonantes por parte de aficionados y directivos. Las últimas, las del presidente Castro donde De la Morena: "Desde que estoy en el cargo no he perdido una eliminatoria europea". Como diría un amigo mío: Don Fútbol no perdona estas cosas. Por su parte, mi escepticismo ante el relato futbolístico British (un estilo a mi juicio bastante pacato, y para más inri hipertrofiado por una legión de zombis que miran, risibles, por encima del hombro al continente con el consabido "ejto jí que ej fúrgol") hacía que colocarme en el lado blue fuese imposible. De modo que observé los 94 minutos sin padecimiento ni emoción.

El equipo hispalense me decepcionó. Daba la impresión de que el escenario le sobrepasaba, y que cargaba sobre sus hombros con una presión desmedida. Dos veces en la última década había desaprovechado la oportunidad de colarse en cuartos de final, y ambas contra rivales no especialmente temibles (Fenerbaçhe y CSKA). El decimoquinto de la liga inglesa suponía, según la prensa andaluza, una oportunidad de oro para acceder al top 8 continental. El naufragio de los Vitolo, N'Zonzi, Ben Yedder, Correa, Sarabia, y, sobre todo, Nasri (¡ridículo dejando a sus compañeros en inferioridad!) fue total, incapaces de crear peligro más allá de un par de jugadas, penalti incluido. La responsabilidad "pesó" a todos los delanteros, y el lanzador hubo de ser un mediocentro, que lo tiró tan mal que suerte tuvo de que llegara a la línea de gol. 

Para entonces el Leicester ya ganaba 2-0, solo con ganas y juego directo. Los amantes del fútbol inglés me restregarán la proeza por encima de la forma, y algo de eso hay, no cabe duda. Ahora bien, no me vendan nunca más la pureza de los jugadores británicos. La actitud de Vardy, fingiendo una agresión, merece que lo apeen en la siguiente ronda. Ojalá el que tenga la opción sea el Madrid.



jueves, 9 de marzo de 2017

El precio del miedo

"El hombre que sabe cuándo no actuar es sabio; a mi forma de ver la vida, la valentía es prudencia"
Eurípides.

Nunca sabremos si Emery, apodado "el catedrático" por sus seguidores, mantuvo en su mesita de noche, durante las semanas de previa, un libro sobre los poetas trágicos griegos con este aforismo subrayado. En cualquier caso, de manera voluntaria o no, el PSG saltó al césped del Camp Nou respetando el espíritu de la sentencia de Eurípides. Bastaron dos minutos para que comenzara el primer acto de la obra más cruel jamás representada en el estadio culé.

"Es fácil ser valiente desde lejos"
Esopo

Anoche, el terror superó a la mayoría de futbolistas parisinos, pero a ninguno como al portero. Es cierto que nadie lo tuvo más difícil en el once, pero a mi juicio la jugada que marcó el rumbo de la noche fue el primer gol, el de Suárez. El balón llegó al área pequeña de rebote, a trompicones, impulsado más por las dudas de los zagueros que por otra cosa. En ese momento ya había varios culpables de mala gestión defensiva, mas todo era subsanable si el portero salía y se hacía con una bola ventajosa. No sucedió así, y el miedo previo, ya abundante, dejó paso a un hedor insufrible.

"Muy a menudo el miedo a un mal nos lleva a realizar otro peor"
Nicholas Boileau-Despresaux.

El Barcelona rondaba él área sin tirar a puerta. Desde la frialdad de los datos (solo había tirado a puerta en el gol) no parecía especialmente incisivo, pero la noche se regía por sensaciones. El tembleque de los defensas hacía que cada decisión que tomarán fuera la inadecuada. Pelotazos a la primera ocasión, y, cuando verdaderamente eran necesarios, optaban por ceder a un compañero en una posición más comprometida. La tendencia acogotadora llegó al punto culminante en una jugada a priori sin peligro de Iniesta, convertida en autogol de Kursawa por no atreverse a ser contundente cuando pudo, y despejando a deshoras y mal instantes después. 

"Un jefe crea miedo; un líder confianza"
Rusell H. Ewing.

Los aspavientos de Emery en la banda durante toda la primera parte, absolutamente infructuosos, impiden que sea catalogado como un auténtico líder. Puede que no restara, mas tampoco sumó. El PSG salió del descanso más tarde de la cuenta, y la hipotética conjura no impidó el 3-0 de penalti dudoso. Solo a partir de entonces, con todo perdido, los menos patéticos del conjunto parisién dieron señales de vida.

"La visión más valiente de la vida es el ver a un hombre luchando contra la adversidad"
Séneca.

Verrati, por primera vez en toda la noche, juntó unos minutos de lucidez y organizó algo la situación. Llegaron buenos pases a Cavani, uno estrellado en Ter Stegen, otro al palo y otro dentro. Con el oxígeno del gol hubo una contra de Di María (horrible y soberbio, su gesto de mandar callar a la grada lo destierra al ridículo) abortada por Mascherano de manera dudosa. Entonces, la poca confianza adquirida por la certeza del marcador se vio disipada por los fallos en la puntilla. La intentona de Verrati había sido bella, pero finalmente infructuosa.

"Forte fortuna adiuvat" (la fortuna favorece al valiente)
Del latín.

Si hubo un valiente en el encuentro de anoche, ese fue Neymar. Es verdad que sus revoluciones pudieron mandarlo a la calle, pero su determinación hizo que el Barcelona volviese a creer cuando el marcador pintaba más complicado. Metió el cuarto y el quinto, y asistió para el sexto en el delirio del descuento. 

El Barça no sólo ha pasado una ronda. Ni siquiera ha salvado un match ball. Ha hecho algo mucho más terrible para sus adversarios. Ha conquistado el miedo. Quién podrá luchar contra semejante ola hacia un nuevo triplete, no se me ocurre. 

Eso sí, parece claro que hay que impedir que cunda el pánico.



lunes, 6 de marzo de 2017

Vamos a Nápoles

El Tercio Viejo de Nápoles, fundado en los años 30 del siglo XVI por Carlos I, constituye una metáfora bastante suculenta a la hora de contextualizar literariamente el partido de mañana. Pero no tengo tiempo. Solo subrayaré mis deseos de victoria, especialmente intensos esta vez pese a enfrentarnos a un equipo italiano, debido al recordatorio que hizo Maradona en la ida de cuán imbécil se puede llegar a ser. Que vaya por ti, Diego Armando. Con BBC o sin BBC, ahora mismo me da igual.

PD: huele raro raro lo del miércoles.

lunes, 13 de febrero de 2017

Que viene el Nápoles

Teniendo en cuenta el juego desplegado por ambos conjuntos, el partido del miércoles se presenta complicadísimo. Por si fuera poco, el Nápoles está repleto de ex jugadores nuestros, y con el historial que poseemos en ese sentido (singularmente en Copa de Europa), los augurios no son muy favorables. Veremos. Esta vez no voy a tifar por el equipo italiano esta eliminatoria, como suelo hacer en los cruces en los que hay una escuadra transalpina. Aunque no estoy para tifar por nadie ahora mismo, en realidad. 

jueves, 8 de diciembre de 2016

Segundos de grupo

El partido de anoche deja un sabor realmente extraño, como apunta Corna. Entre que uno no sabe si preferir el liderazgo o la segunda plaza, y teniendo en cuenta que en ataque no jugamos nada mal, resulta difícil enfadarse, por más que tirar por la borda un 2-0, en el 87' además, suponga algo imposible de celebrar. Las visitas del Borussia de Dortmund al Bernabéu sí que son complicadas, y no las que hace Periko en su tour por Andalucía. 

Los alemanes salieron valientes al césped, pero poco a poco el Madrid, lanzado por sus laterales (excepcional la actuación de ambos), consiguió tornar en discontinua y dubitativa su actitud. Unos cuantos disparos fueron el preámbulo del gol, anotado en semifallo por el felino en el que siempre creímos, aunque el mérito debiera recaer sobre el extraordinario pase de Carvajal. Con el 1-0 el equipo blanco dio un paso atrás, agazapado en torno a la supuestamente (opiniones hay para todos los gustos) balsámica vuelta de Casemiro. El Dortmund se estiró un poco, y Navas hubo de volver por sus fueros de la temporada pasada con una magistral parada a una falta envenenada de Schurrle. El pseudoabulense Aubameyang (dijo luego en rueda de prensa que quería jugar aquí; con 28 años en su DNI, no sé yo si su tren no lo cogió Morata este verano) estaba atado en corto por un sobrio Varane.

Tras el descanso, el tridente Weigl, Dembele y Auba sí fueron capaces de ir imponiéndose, sin embargo. Al Madrid le quedaban las contras, lo que no es poco, y tras un fallo garrafal de Benzemá, él mismo metió la cabeza en la segunda jugada a un centro exquisito de James. La flor de Zidane no parece limitarse al marcador, sino que tiene virtudes terapéuticas. La inesperada titularidad del colombiano pareció desterrar su melancolía, y su pierna izquierda (lanzadora de precisión, anoche) es un bonus difícilmente despreciable. 

El 2-0 no mató al Borussia, sino que lo espoleó. El de Ávila marcó y el entrenador sacó dos alfiles: Reus y Emre Mor, que suena a Chiquito de la Calzada pero es buenísimo. Para entonces, los madridistas se habían encomendado al contragolpe definitivamente. Lucas culminaba un descomunal encuentro, y tanto Benzemá como Marcelo pudieron sentenciar: no digamos ya Cristiano, al que su progresiva lentitud le permitió controlar, en lugar de tirar de primeras, un balón en el área. El portugués lo estrelló en el poste. El guión, con pretendida tensión y tintes de remontada heroica, resultó menos creíble al estar en diciembre, de modo que el desenlace fue desacostumbrado. Carrerón de Aubameyang y pase de la muerte: gol de Reus. 

El Dortmund termina la fase de grupos líder, y el Real imbatido. Nadie acabó la noche enfadado. El Madrid de Zidane es, por encima de todo, un enigma. 

domingo, 29 de mayo de 2016

11 Copas de Europa

Ahora más en frío, valoraciones de los jugadores. Conste que no me escondo, vi la final perdida desde el 30' hasta los penaltis.

KEYLOR: Dio cien mil pelotazos, pues los centrales le devolvieron la pelota una y otra vez, antes de arriesgar. En el gol no pudo hacer nada y los penaltis los fallaron los del Atleti. Inédito. Pero me alegro de que haya sido el portero que jugó en la Undécima.

CARVAJAL: Superado en los dos para uno que le hicieron en cuanto Bale dejó de bajar a ayudar (que fue con el 1-0). Daba cierta profundidad, si bien es cierto que sin demasiada precisión, su lesión fue mala noticia.

PEPE: Jugó un buen partido hasta el penalti, con alguna guarrada fuera de lugar. Pudo ser expulsado, y el teatro que hizo en un par de ocasiones rozó lo grotesco. Es un muy buen jugador, pero repulsivo en sus formas, en momento puntuales. 

RAMOS: El mejor atrás, con gran personalidad. Metió un gol en fuera de juego por centímetros, aunque le estaban haciendo un penalti clamoroso que nadie parece ver. En el descuento anterior a la prórroga cortó en una dura entrada una contra rojiblanca clarísima. Pudo ser expulsado también.

MARCELO: Impreciso durante todo el partido, aunque siempre voluntarioso. Centró la pera de balones, pero casi todos horrible. Tampoco desbordó como otros días, y para más inri acabó cojo. Decepcionante final, teniendo en cuenta mis expectativas hacia él.

CASEMIRO: Me saca de quicio cuando ralentiza las transiciones, su falta de habilidad técnica que lastra la fluidez... Pero el empeño siempre lo tiene, fue de menos a más, y he de reconocer que en la prórroga estuvo espectacular en su papel. Es posible que sea injusto con él.

KROOS: Para mí el mejor del Madrid, inexplicable su cambio, si no se entiende desde la pleitesía (por no decir cagazo) de Zidane hacia la BBC. Lo eché en falta.

MODRIC: Realizó muy buenas acciones individuales. Dio fluidez, hizo alguna arrancada (especialmente cuando había más espacios), pero no pudo montar el juego él solo. El planteamiento del Madrid le perjudicó.

BALE: La cafetera está enchufada. Comenzó muy bien, desbordando, creando peligro, muy incisivo. También se lo vio más comprometido en defensa (era una final, qué menos). Fue claramente de más a menos. Tuvo un par de goles en la segunda parte, una en la que regatea al portero en la que perdí pelos y años de vida.

BENZEMÁ: Alguna acción técnica de calidad, como siempre, pero muy flojo su partido. Además, falló el 2-0 por tirar al muñeco polac... esloveno en lugar de regalarla a Ronaldo, que estaba solo para empujarla en el punto de penalti. Mal.

CRISTIANO: Horroroso. Se fue dos veces en todo el partido. Superado, plano, fallón en alguna ocasión de las claras de la segunda mitad... Metió el penalti decisivo y así será recordado, pero una final para olvidar. ¿Estaba lesionado desde el martes? Porque si no, su actuación tan diluida alcanza grandes cotas de decepción.

DANILO: No acabó mal del todo, pero los primeros despejes con la uña hacia la propia portería, nada más al entrar... Como dijo Lord Wellington al pasar revista a sus tropas: "No sé si infundirán mucho temor al enemigo, pero lo que es a mí, vive Dios que sí."

ISCO: Para mí estuvo bien, aguantó muchos balones e hizo algunas conducciones interesantes. Pero le falta algo, la chispa decisiva para acabar dando la asistencia o el pase clave en estos momentos. Pero buen partido.

LUCAS VÁZQUEZ: Se mató a correr, aunque en el gol de Carrasco falló en la marca (le hizo penalti mientras el belga marcaba). Alguna conducción meritoria. Mucha personalidad al tirar el primer penalti.

ZIDANE: Me pareció un error que el Madrid se echara atrás tras el gol. Una catástrofe el cambio de Kroos. Poca personalidad, etcétera. El fútbol sólo recuerda a los ganadores, eso sí. Esperemos que el año que viene, mejore.




El Madrid le ganó una Copa de Europa al Atleti jugando mejor. El Madrid le ganó otra Copa de Europa al Atleti jugando peor. El Atleti, antes que probar otras cosas, quizá debería empezar por lo obvio. Jugar las finales contra otro rival. 

viernes, 27 de mayo de 2016

El Post de la Final

Mis malas vibraciones son intensas, esperemos que el de la foto (o quien sea) impida que se cumplan los malos designios.


(inserten foto de Sergio Ramos abrochándose el traje)

miércoles, 4 de mayo de 2016

La obsesión del Madrid

♪ ♫ ♪ ♫ Son las sinco en la mañana
y yo no he dormido nada
pensando en tu bellesa 
y loco voy a parar

El insomnio es mi castigo
tu amor será mi alivio
y hasta que no seas mía
no viviré en pas ♪ ♫ ♪ ♫

                                                          (inserten foto de la Copa de Europa)

miércoles, 27 de abril de 2016

Noche plomiza en Manchester

Cuando se supo que Cristiano no jugaría, la conmoción entre el madridismo fue descomunal. Las palabras de los directivos del club se pretendían tranquilizadoras ("Por precaución...","Mejor no arriesgar", "Nada grave"...), pero con ellas sucedía lo mismo que cuando Draghi y sus acólitos afirman que la eurozona no está en peligro y que la UE es fuerte. Uno se pregunta qué clase de peligros nos acechan cuando semejantes personalidades han de resaltar lo obvio.

Ronaldo, sin embargo, no parecía preocupado. Las cámaras lo cazaron con aire confiado ("si hubiera sido una final, jugaría"), y él las miraba, divertido, posando al lado de un canterano y subiendo fotos a las redes sociales. Se esforzaba tanto en encontrar la postura adecuada que por momentos daba la impresión de que pretendía rematar desde el Facebook.

En el campo, mientras tanto, se veía claramente qué extravía el equipo cuando no juega Cristiano. Aparte de los goles, el rival pierde un poco de respeto, como Loki si en Los Vengadores no está Thor. Además, hay una serie de automatismos, que probablemente nacen más de la costumbre que desde la pizarra, que se pierden como lágrimas en la lluvia. Con el Bicho en el césped, Benzemá se siente una suerte de protagonista de las Bucólicas, feliz bajo la parra portuguesa para perseguir sus ovillos felinos. Dicen los expertos que Bale adquiere más libertad, pero viendo su rendimiento se comprende la respuesta de Lenin a Fernando de los Ríos: "Libertad para qué".

La primera parte fue un pestiño tenso, que es peor porque el mojón es el mismo pero las cervicales sufren más. Casemiro siendo fiel a su eslogan ("lo que Casemiro te da, Casemiro te quita"), y los mediocampistas del Madrid incapaces de hilar el juego ante la pareja rival, que tiene nombre de conjunto musical: los Fernandos. El segundo período también comenzó encenagado, y con menos kilates de calidad sobre el terreno con las bajas de Karim y del excelso jugador perfecto de Arguineguín. Jesé entró por el francés y demostró que, si se está quedando calvo, no es por usar mucho el cerebro. El Madrid se desengarrotó poco a poco, a lomos de Kroos y Modric, y rondando por el área pasó de pedir discretamente algún penalti a rematar al larguero y convertir a Hart en héroe. El fallo fue de Pepe, pero no empaña su heroica actuación, que destrozó cientos de titulares guardados en borradores (Ciudadano Kun). Para entonces, el City se había partido como si fuera un puente mal construido, para más inri del ocupante del banquillo celeste. En aquellos minutos en los que el encuentro, y quién sabe si la eliminatoria, estaba cuesta abajo, Zidane refrenó la entrada de Isco y con ella el golpe de audacia. Viendo las sonrisas de los ingleses al pitar el árbitro el final, queda la duda de si tendremos que arrepentirnos.





jueves, 7 de abril de 2016

En Alemania, cuida los detalles

Tras la enésima derrota del Madrid en Alemania (lo de las últimas temporadas fue un espejismo, hemos vuelto por nuestros fueros en el país teutón), permanecí, serio y en silencio, ante el televisor apagado, reflexionando acerca de cómo era posible que este equipo hubiese ganado en el Camp Nou hacía sólo cuatro días. Por supuesto, la actitud defensiva y de compromiso de la BBC había sido diferente, con la consiguiente mejora del rendimiento de los centrocampistas. Pero le daba vueltas a algo más allá de los aspectos tácticos o físicos. Hay un patrón en el conjunto blanco que se repite, una forma de encarar los encuentros que, cada vez más, constituye decepcionante marca de la casa.

El Madrid vive constantemente en el alambre. Depende de los detalles; algo que, en un deporte tan azaroso como el fútbol, supone una suerte de ruleta rusa. No impone con autoridad su juego, sino que sobrevive tratando de aprovechar lo que el partido le ofrece o lo que él, con cuentagotas, es capaz de generar esporádicamente. En Barcelona, su mayor mérito provino de la fortaleza mental: al no venirse abajo cuando las primeras opciones favorables se le escaparon (o le fueron hurtadas), pudo sacar rédito de las siguientes. En Alemania también tuvo posibilidades, pero esta vez no se reflejaron en el marcador. Cristiano estaba, a juicio del árbitro, unos centímetros adelantado, y Benzemá, me parece que ya lesionado, falló un mano a mano y un franco remate de cabeza. En esos quince primeros minutos, la eliminatoria pudo ponerse 0-2, siempre gracias a los detalles.

Pero otro detalle cambió la leve inercia que el Madrid había impuesto. Una jugada por la banda izquierda terminó con Casemiro entrando como un elefante en la cacharrería. Fue penalti más por falta de sutileza que por otra cosa. El Wolfsburgo se encontraba con un gol de ventaja gracias a una situación aislada. Una contrariedad, sin duda, pero tampoco una tragedia, a priori. Simplemente, un detalle. Oh, cielos.

Es triste que algo tan nimio pueda repercutir tanto en la frágil moral de nuestro equipo, pero así es este Real Madrid. Un poco como Pablo Iglesias: puño de hierro y mandíbula de cristal. A partir de ese momento, y aún más con el 2-0 (también fruto de otra jugada aislada, el Wolfsburgo jamás pretendió nada parecido a imponer su juego, se limitó a estar ordenado y a aprovechar... ¿adivinan qué?) el Madrid perdió las formas como Pipi Estrada en un reservado. Draxler hizo lo que quiso con Danilo, más Dañino que nunca. Zidane no supo corregir este desequilibrio, quizá porque las vías de agua abundaban: toda la defensa era un flan, el comodín de Marcelo restaba, y la BBC no estaba dispuesta a ayudar al medio dos partidos seguidos. Únicamente Bale se obstinaba en ganar el partido, tan voluntarioso como náufrago. Entre tanto, el desorden. Presiones individuales, pérdidas, falta de ideas... Isco salió en la segunda parte, y dio un pase a Cristiano que pudo ser el 2-1 y ahí se quedó, en el limbo metafísico de los poetas. Poetas muertos.

El Wolfsburgo no fue exigido a un derroche de entrega. Serio, ordenadito, e incluso punzante cuando sus limitaciones se lo permitían, castigando la horrible actuación de nuestros laterales. El Marca ya había repescado el titular de siempre cinco minutos antes de que pitara el árbitro. Sabemos lo que toca: Juanito, etcétera. Quiá. A esta altura en el cruce del río, ya no podemos cambiar de caballo. La única posibilidad del Madrid es salir decidido, sí, pero, sobre todo, atento a los detalles. 

martes, 5 de mayo de 2015

Una jornada para olvidar

El día en que se mostraban los papeles que demuestran que el partido en el gobierno llevó una contabilidad B desde su fundación. El día en que Pablo Iglesias planteó 215 medidas hechas desde la gente y para la gente pero sin la gente. El día en que las batallas navales estuvieron más cerca de la capital que más burlas ha recibido por no tener playa. El día en que Susanita no encontró ninguno de sus ratones chiquitines, ni siquiera el que se parece a Joe Rígoli y va de naranja. El día en que cientos de niñas fueron liberadas de los terroristas de Boko Haram, para comprobar que muchas de ellas llevaban la semilla del diablo en su interior. El día en que murió un icono generacional, retratador y retrato a la vez de lo que algunos llaman el régimen del 78. 

Un mal día, en definitiva. Que, sin embargo, tenía la oportunidad de ser redimido con un buen papel del Madrid, tantas y tantas veces único bastión de Occidente. Con ese ánimo miles de madridistas nos sentamos al partido. Pero se puso el sol y vino la noche.

La noche en que el as táctico que Carlo se había sacado de su italiana manga, naufragó miserablemente en una espiral de errores. La noche en que el defensa joven más sereno de la historia del río Deûle homenajeó a Flanín el niño. La noche en que a esa cabra loca, todo alegría y buenos ratos, símbolo del madridismo ligero y faldicorto, se le olvidó la canción del ABC que uno que se le parecía mucho cantaba con sus hermanos. La noche en que al lateral derecho se le cayó la uve de su apellido al suelo e hizo honor a la palabra que le quedó. La noche en que el expreso no llegó ni a Talgo, y si el excel de Ciutadans dice que el AVE no renta, pues no hay más que echar cuentas. La noche en que, una vez más, un desterrado, junto con un indio apache y cuatro más, fueron infranqueable muralla y preciso puño. La noche en que el sueño de la Undécima quedó arrinconado en la casposa habitación de las remontadas que sí, que son posibles, pero que luego casi nunca llegan. La noche que, por suerte, aún nos deja una buena noticia.

Porque, al menos, mañana será otro día.