Así denominó la revista Gigantes a los años que sufrió el Real Madrid a finales de los ochenta y principios de los noventa. Después de unas décadas de hegemonía blanca, varias circunstancias terminaron constituyendo un combo demoledor para nuestra sección. La nueva gran apuesta del F.C.Barcelona por mejorar su sección fue importante, sin duda, pero no la única causa. Vaya aquí un resumen, que a la vez sirva como homenaje a quienes tanto se esforzaron en aquella época tratando de evitar los infortunios, en la medida de lo posible:
1986-87: Recordada por la de la primera partida de un jugador español a la NBA: Fernando Martín. El equipo no fue capaz de asumir la marcha de uno de los referentes del vestuario. Cuarto en liga regular, cayó en el playoff de semifinales frente al Barcelona de Aíto, después de haber eliminado en cuartos al Estudiantes. El vigente campeón culminaba un año nefasto, mientras su rival hacía doblete ganando la Copa del Rey al Joventut. Por desgracia, no sería un tropiezo puntual.
1987-88: La derrota en ACB de la temporada anterior mandó al Madrid a la Copa Korac, lo que hoy sería la Eurocup (homóloga de la Europa League en el balompié). Los blancos la terminaron ganando, reincorporado Martín desde Portland. Se trataba de un título que podría haber servido para defender el año, pero las frustraciones superaron con mucho a esta alegría. En Valladolid, un triple en el último segundo de Solozábal suponía un doloroso puñal. La herida se agrandó con la derrota en la final de la liga, también contra el Barcelona.
1988-89: Incapaz de soportar el papel secundario del Madrid en estas dos últimas temporadas, Mendoza tiró de talonario y trajo al mayor villano que existía por aquel entonces en las canchas del baloncesto europeo: Drazen Petrovic, el genio de Sibenik. En el vestuario no cayó muy bien. Algunos veteranos terminarían saliendo tarifando: famosa fue la rajada de Iturriaga, dolido contra la "pérdida de valores" (aunque seguramente más dolido por su salida). No obstante, aquello no fue óbice para que se ganara la Copa del Rey al Barcelona (devolviendo esta moneda a los culés) y la Recopa de Europa al Caserta, con excepcional actuación de Drazen en la final (¡62 puntos!). Mas la final de liga contra el Barça impidió que se consumara el pretendido cambio de tendencia. Hubo una plaga de lesiones y una gran polémica con el arbitraje de Neyro (el Madrid defendió la última posesión con cuatro jugadores, algo nunca visto), pero el caso es que se perdió, y Petrovic quedó con la mosca detrás de la oreja.
1989-90: El pobre George Karl vio cómo al inicio de la nueva temporada (y de su nuevo proyecto), Petrovic hacía las maletas y marchaba a Portland en una terrible despedida a la francesa. Las penalidades no terminaron ahí. Askew, un pívot americano recién fichado por el equipo blanco, no superó el reconocimiento médico por un problema en la rodilla. Y el 3 de diciembre, Fernando Martín moría en un accidente de tráfico, dejando a la plantilla en un profundo estado de desconsuelo. Se perdió la final de la Recopa frente a la Virtus de Bolonia. En la Copa del Rey el CAI Zaragoza, a la postre campeón, eliminó al conjunto merengue en semifinales. En la liga, el Joventut derrotó a los de Karl, también en semifinales, para luego perder el título contra el Barcelona. Las cuatro ligas culés seguidas le costaron el puesto al bueno de George.
1990-91: Las desgracias extradeportivas no acabaron en aquel año aciago del 89. Sustituido Karl por Brabender, éste tampoco logró remontar la irregular trayectoria del equipo. Despedido, se le dio el mano al veterano Ignacio Pinedo, que consiguió enderezar parcialmente el rumbo clasificando al Real para la final de la Copa Korac, frente al Cantú. Increíblemente, el hombre sufrió un infarto durante el primer partido de aquella final, quedando en un coma irreversible durante meses, hasta su definitiva muerte. Los jugadores no pudieron dedicarle ese título (en estado de shock, perdieron ambos partidos), siendo además eliminados por el Barcelona en las semifinales de Copa del Rey, con una canasta final verdaderamente absurda. En liga, por primera vez en la historia se cayó en cuartos de final, esta vez contra el Taugrés. ¿El único consuelo? Que sería el Joventut quien se proclamara campeón de la ACB. Algo que certificaba la condición de comparsa del Real Madrid de aquellos años. Alegrarse porque el máximo rival no conseguía la quinta liga de forma consecutiva.
El año 92 fue un pequeño chute de optimismo, con la conquista de la Recopa (a la canasta de Ricky Brown le dedicamos un post completo) y la eliminación del Barcelona en el playoff de cuartos de la liga ACB. Se perdió la final contra el Joventut, pero se sentaron las bases para el doblete de liga y copa del 93. La liga del 94 y la Copa de Europa del 95 devolvieron al Madrid a la gloria, tras su lustro más negro. Después habría épocas aún peores, pero aquella fue la primera crisis auténtica de la sección baloncestística del Real Madrid, un agujero negro que a punto estuvo de devorar para siempre una parte del club que algunos han mirado tradicionalmente con aire suspicaz. En estos tiempos de vino y rosas, conviene recordar de dónde venimos, y por lo que hemos pasado.