Toda la trayectoria ascendente del Madrid de Solari, todos sus aciertos, todos sus errores, todas sus contradicciones, toda su posible gloria, todo su previsible fracaso, todo, en fin, cuanto rodea al equipo blanco deja de tener importancia, languidece inexorablemente ante la presencia de la Competición (escrita así, con mayúsculas), que ya no es un horizonte lejano para el que prepararse o ante el que angustiarse, sino que al fin está aquí. Ahora da igual Keylor que Courtois, Marcelo que Reguilón, Casemiro que Llorente, Modric que Ceballos, Vinicius que Bale, Isco que cualquiera. El Madrid nació para esto y, justo o no, su rendimiento en este torneo marcará su temporada. Ya hay sabandijas que han pasado de denominar al Ajax como el equipo revelación del curso europeo 2018-19 a una banda sin nada valioso que ofrecer. No resulta nuevo, pero es irrelevante. El Madrid compite siempre, por encima de con los demás, consigo mismo, y solo cuando es capaz de dominar las corrientes autodestructivas siempre presentes en su seno, se alza y triunfa.
Veremos si este año sucede, o no.