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domingo, 1 de julio de 2018

El esperpento rubialesco tuvo verdugo ruso

El partido de hoy tiene muchas aristas que analizar. Podemos hablar del penoso rendimiento defensivo, del tema De Gea, de lo muerto que está Busquets, de la decadencia del excelso jugador perfecto de Arguineguín, de las ausencias constantes de Marco Ausencio, de la falta de profundidad, de la falta de socios de Isco, del CI como entrenador de Fernando Hierro, de lo tremendamente sobrevalorado que me parece Koke, de la lista incluso...

Podemos lamentarnos de la oportunidad perdida, habida cuenta de lo bien que se nos había puesto el cuadro. Aunque francamente, viendo lo que nos han hecho los rusos con cuatro mimbres y un palo (qué malos son, por Bob), suerte hemos tenido de que no nos cogiesen (en acepción sudamericana del verbo, también) por banda los Lukita boys.

Pero si algo me parece capital en todo este esperpento es el papel de Rubiales. Obviaré todos los precedentes vangalianos de seleccionadores que ya tenían claro que después del torneo entrenarían a un club, es que aunque no hubiese pasado antes en el mundo del fútbol: ¿a quién se le puede ocurrir que descabezar al líder es una buena idea? Máxime cuando los jugadores (el otro día Saúl, hoy Koke) han dicho por activa y por pasiva que su entrenador es Lopetegui. Solo puede tener lógica para cretinos ególatras como Don Paradoja (porque paradoja es apellidarse Rubiales y estar calvo) o para forofos.

El partido ha tenido poca miga porque el desarollo ya lo habíamos visto más o menos contra Irán o Marruecos. Ridículo de la selección en este torneo, y eso quedará para la historia. Aunque tampoco debiéramos preocuparnos en demasía. Al fin y al cabo, un Mundial no dejan de ser tres partidos de liguilla y otros cuatro más. Una competición menor en comparación con la regularidad de toda una señora liga, ¿no? Así que menos lloros y menos tristezas, jojojo.

Habrá que reírse de las cretineces, qué le vamos a hacer.