"El hombre que sabe cuándo no actuar es sabio; a mi forma de ver la vida, la valentía es prudencia"
Eurípides.
Nunca sabremos si Emery, apodado "el catedrático" por sus seguidores, mantuvo en su mesita de noche, durante las semanas de previa, un libro sobre los poetas trágicos griegos con este aforismo subrayado. En cualquier caso, de manera voluntaria o no, el PSG saltó al césped del Camp Nou respetando el espíritu de la sentencia de Eurípides. Bastaron dos minutos para que comenzara el primer acto de la obra más cruel jamás representada en el estadio culé.
"Es fácil ser valiente desde lejos"
Esopo.
Anoche, el terror superó a la mayoría de futbolistas parisinos, pero a ninguno como al portero. Es cierto que nadie lo tuvo más difícil en el once, pero a mi juicio la jugada que marcó el rumbo de la noche fue el primer gol, el de Suárez. El balón llegó al área pequeña de rebote, a trompicones, impulsado más por las dudas de los zagueros que por otra cosa. En ese momento ya había varios culpables de mala gestión defensiva, mas todo era subsanable si el portero salía y se hacía con una bola ventajosa. No sucedió así, y el miedo previo, ya abundante, dejó paso a un hedor insufrible.
"Muy a menudo el miedo a un mal nos lleva a realizar otro peor"
Nicholas Boileau-Despresaux.
El Barcelona rondaba él área sin tirar a puerta. Desde la frialdad de los datos (solo había tirado a puerta en el gol) no parecía especialmente incisivo, pero la noche se regía por sensaciones. El tembleque de los defensas hacía que cada decisión que tomarán fuera la inadecuada. Pelotazos a la primera ocasión, y, cuando verdaderamente eran necesarios, optaban por ceder a un compañero en una posición más comprometida. La tendencia acogotadora llegó al punto culminante en una jugada a priori sin peligro de Iniesta, convertida en autogol de Kursawa por no atreverse a ser contundente cuando pudo, y despejando a deshoras y mal instantes después.
"Un jefe crea miedo; un líder confianza"
Rusell H. Ewing.
Los aspavientos de Emery en la banda durante toda la primera parte, absolutamente infructuosos, impiden que sea catalogado como un auténtico líder. Puede que no restara, mas tampoco sumó. El PSG salió del descanso más tarde de la cuenta, y la hipotética conjura no impidó el 3-0 de penalti dudoso. Solo a partir de entonces, con todo perdido, los menos patéticos del conjunto parisién dieron señales de vida.
"La visión más valiente de la vida es el ver a un hombre luchando contra la adversidad"
Séneca.
Verrati, por primera vez en toda la noche, juntó unos minutos de lucidez y organizó algo la situación. Llegaron buenos pases a Cavani, uno estrellado en Ter Stegen, otro al palo y otro dentro. Con el oxígeno del gol hubo una contra de Di María (horrible y soberbio, su gesto de mandar callar a la grada lo destierra al ridículo) abortada por Mascherano de manera dudosa. Entonces, la poca confianza adquirida por la certeza del marcador se vio disipada por los fallos en la puntilla. La intentona de Verrati había sido bella, pero finalmente infructuosa.
"Forte fortuna adiuvat" (la fortuna favorece al valiente)
Del latín.
Si hubo un valiente en el encuentro de anoche, ese fue Neymar. Es verdad que sus revoluciones pudieron mandarlo a la calle, pero su determinación hizo que el Barcelona volviese a creer cuando el marcador pintaba más complicado. Metió el cuarto y el quinto, y asistió para el sexto en el delirio del descuento.
El Barça no sólo ha pasado una ronda. Ni siquiera ha salvado un match ball. Ha hecho algo mucho más terrible para sus adversarios. Ha conquistado el miedo. Quién podrá luchar contra semejante ola hacia un nuevo triplete, no se me ocurre.
Eso sí, parece claro que hay que impedir que cunda el pánico.