jueves, 18 de febrero de 2016

Copa del Rey de Baloncesto 2016

Esta tarde comienza la Copa del Rey de baloncesto, en La Coruña. Esta edición del torneo se caracteriza por la ausencia de un favoritismo limitado únicamente a los dos grandes del baloncesto español. Por primera vez en mucho tiempo, el Valencia y el Baskonia parten con unas expectativas superiores, por ejemplo, a las del Madrid, si nos atenemos a sus estados de forma. El Barcelona, por su parte, acude a la cita con la artera mirada de quien se sabe experto en estas lides (desde 2010, en tres ediciones ha terminado como campeón, y en las otras sólo el Madrid ha sido capaz de eliminarlo).

BASKONIA: El ogro ha vuelto. Después de unas temporadas en las que redujo su nivel de forma considerable (el año pasado, una derrota en liga regular frente al Madrid les arrebató hasta la clasificación para la Copa), Querejeta ha vuelto a formar un equipo que no sólo compite de manera extraordinaria en España, sino que ha recuperado el pulso en Europa por encima de Madrid y Barcelona, al menos de momento. El Bourousis que, quién sabe por qué razones, se dejó llevar la temporada pasada, actúa como patriarca de este conjunto tan joven, cemento armado que hasta controla (y no es broma) desde la posición de pívot el tempo de los ataques. Los peligros desde el perímetro y las penetraciones los traen James, Causeur o Adams. Equipo duro y atlético, ahora mismo en su mejor momento de la temporada.

VALENCIA: Tengo sensaciones enfrentadas con este equipo, que no es de mis favoritos (lo siento, Gamper)  pero que está dirigido por un entrenador al que admiro, Pedro Martínez, y al que le deseo lo mejor después de su despido de Gran Canaria, probablemente por opinar lo indebido políticamente. La plantilla de este año es un salto de calidad (el récord de victorias lo acredita, pese al palo que les pegó el Limoges en la Eurocup), pero la incorporación más decisiva me ha parecido la de Justin Hamilton. ¡Qué jugador! Entre él y Dubljević tienen calidad a raudales, y están bien escoltados por una pléyade de secundarios que conocen su rol. Lo único, que no están en la cresta de la ola, como hace unas semanas. 

BARCELONA: La lesión de Lawal (probablemente se pierda la temporada) ha sido un contratiempo importante, que veremos si podrán solucionar a tiempo para esta competición con la incorporación de Dorsey. En cualquier caso, se prevén muchos minutos en el puesto de base para Satoransky y Ribas, y eso los hace peligrosísimos. El rendimiento de Navarro es una incógnita, pero a un equipo con Abrines, Oleson (que no es el de otras temporadas pero yo no me fío), Doellman, Tomic, y la cantidad de pívots secundarios que pueden cargarse de faltas si es preciso para ejecutar su contundente defensa (Pascual style) no se le puede quitar el cartel de favorito.

REAL MADRID: La baja de Rudy es una losa esta temporada (como la ausencia de un sustituto para Slaughter). Sus ayudas defensivas eran fundamentales, subían el nivel atrás que permitía romper los partidos. El hilo de oro que cosían los retales del valioso paño que es la plantilla del Real Madrid. En los últimos partidos el equipo ha tirado de sobreesfuerzos de Ayón, Llull y, en menor medida, del Chacho, que está algo bajo de forma. Por si fuera poco, Felipe Reyes y Nocioni, si llegan, lo harán mermados. Hay secundarios como Lima o Rivers que van a tener que dar un paso al frente, pero soy pesimista, habida cuenta del nivel medio de esta edición de la Copa. Otros jugadores, por su parte, tienen la ocasión de reivindicarse, como Jeff Taylor, que vino con cartel de dominante en Europa y cuya producción ofensiva (a pesar de un buen acierto en triples, algo menos importante ya que apenas tira) está siendo limitada, Thompkins o Hernangómez.

Hay otros equipos muy en forma, como Fuenlabrada, nuestro primer rival, o el Obradoiro, anfitrión, que están esperando para dar la sorpresa. Esto es la Copa, y todo puede suceder. Hoy, a las 19:00, empezamos a comprobarlo.


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miércoles, 10 de febrero de 2016

Los peligros de una estrategia populista

Comentábamos el otro día la efectividad que demuestran determinados discursos, no muy rigurosos desde el punto de vista intelectual, a la hora de arrastrar gente sin la necesidad del penoso trabajo, tan lento y poco agradecido, de la concienciación, la explicación racional y la pedagogía. La patria, el afecto por el terruño, la inmigración, los sueldos de los políticos, la paz en el mundo como coartada para no hacer nada en política exterior, el antisemitismo, los burócratas que nos suben los impuestos, la pérdida de nuestros supuestos valores, la seguridad, el asamblearismo y la transparencia total... de distinta naturaleza, todos son banderines de fácil enganche. Sabemos que los partidos que aspiran a gobernar tienen que tener en cuenta la naturaleza de show de la sociedad de la hiperinformación, y por supuesto han de ser didácticos y a la vez cercanos en el ámbito emotivo. Pero insistía en la idea de que no pueden quedarse ahí, tienen que aportar un sustento ideológico que constituya un núcleo conceptual más allá de las formas. Una cosmovisión que sea su brújula, y que les permita "orientar" ligeramente al pueblo si es preciso. Siempre desde la persuasión, por supuesto.

La tentación populista es grande. Consigue, como ya digo, adhesiones muy fuertes sin necesidad de estructurar discursos complejos. Pero esa ventaja cortoplacista tiene consecuencias negativas a medio plazo. Asumir que el debate ha de realizarse exclusivamente en esos términos nos coloca en terrenos donde cualquiera puede llegar muy alto sin tener un corpus intelectual suficiente, o, peor aún, sin que se le vean las costuras más sucias. La postura antiinmigración es un hongo que ha florecido en Europa de manera extraordinaria: Le Pen, el movimiento Pegida en Alemania, Farage y el UKIP... Un eslogan sencillo y ahí tienes millones de votos. ¿Cómo contrarrestarlo? ¿Quién puede colocar esa idea frente al espejo de la complejidad, cuando se ha aceptado que la batalla va de "zascas" y de pensamiento frágil, perdón, fácil? 

"Sí, sí, eso está muy bien, pero a ver quién es el guapo que renuncia a una forma efectiva de conseguir votantes si la alternativa es tan costosa". Quizá haya que concienciar en que determinadas estrategias no sólo pueden ir en contra de la sociedad en el medio plazo, sino incluso en contra de los ejecutores.

Durante la legislatura de Obama, el partido Republicano se dedicó a cultivar un movimiento populista llamado Tea Party. El nombre tiene reminiscencias de la revolución americana (ya conocéis el mito de que Estados Unidos se creó cuando Inglaterra les quiso imponer un impuesto al té: todas las naciones surgen de un ens roben particular), y sus postulados no pasan de consignas baratas: los impuestos son un robo, el sueño americano se está destruyendo por ese peligroso socialista de Barack, hay que recuperar los valores conservadores... Todo ese discurso, aglutinador de mayorías, ha terminado por confluir en un candidato histriónico llamado Donald Trump, que es favorito en las primarias y que, si triunfa, me temo acabará con las esperanzas del GOP de llegar a Washington. Los peligros del populismo son paradójicos.




jueves, 28 de enero de 2016

Pregunta a los parroquianos

Habida cuenta de que ha vuelto la costumbre de comentar como anónimo y que yo no puedo estar aquí todos los días, os pregunto qué os parece lo mejor para hacer. ¿Elimino la opción de comentar como "nombre/URL" y "anónimo" (van juntas) para que sólo pueda comentar quien esté registrado? Eso obligaría a muchos que comentan sin registro a hacerse una cuenta (sé que Lucas tiene, pero otros como Corna o Aitor tendrían que hacérsela y sé que es un peñazo). 

Os paso la pregunta a vosotros. También puedo dejar las cosas como están, pero eso obliga a tener que convivir de vez en cuando con algunos comentarios de trolles. Hablad, por favor.

viernes, 15 de enero de 2016

La canasta de Ricky Brown

1992. Un Real Madrid de entreguerras llega a la final de la Recopa de Europa frente al PAOK de Salónica. El equipo griego es el vigente campeón de esta competición, gracias a uno de los más bochornosos partidos que se haya visto en la historia del baloncesto FIBA. En Ginebra, una afición que ocupó más asientos de los que debía (incluyendo el palco de autoridades) y que incluso robó entradas a punta de arma blanca a los aficionados rivales del CAI Zaragoza, interrumpió el partido con lanzamiento de objetos, creando un ambiente insoportable que terminó por declinar la final al lado heleno. A una horda similar, en Nantes, tiene que enfrentarse el Real Madrid, entrenado por Clyfford Luyk. El PAOK, por su parte, está liderado en la pista por el fenomenal tirador Branislav Bane Prelevic.

Durante la primera parte el Madrid es dueño  y señor del encuentro. Los Mark Simpson, Romay, Antúnez, Cargol, Llorente y Brown se despegan en el marcador (28-43). Pero tras el descanso todo cambia. El PAOK empieza a impedir los contraataques madridistas, y, guiado por el serbio Prelevic y por el gigantón Fasoulas, consigue reducir distancias. El ambiente se hace cada vez más irrespirable. Quedan 30 segundos y el Madrid gana de tres puntos (60-63), pero un triple desde Belgrado de Bane empata el partido a falta de 8 segundos. La táctica de Ivkovic es artera, hacen falta rápido para jugarse la última posesión, convencidos de la mano serbia que los puede llevar a la victoria. Además, en esa época está en vigor la ley del 1+1 en tiros libres, según la cual el que recibe la falta sólo tiene derecho a un segundo tiro si encesta el primero (posteriormente se cambiaría esta norma, porque se considera acertadamente que da más ventaja al infractor).

El madridista Mark Simpson se coloca en la línea, sudando. El partido está en sus manos. Se prepara, se levanta y... falla el tiro libre. A partir de ahí, todo sucede muy rápido. El rebote cae en las manos de Fassoulas, que mira rápido a quién pasar para aprovechar el contragolpe. En el banquillo madridista, Luyk agacha la cabeza apesadumbrado. Fasoulas pasa la bola... ¡mas de repente emergen los kilométricos brazos de Ricky Brown para cortar el pase! En una velocísima maniobra, sus manazas "peinan" la pelota y acaban atrapándola, y de inmediato se gira para lanzar a canasta en el último segundo. El balón entra mientras suena la bocina, y es imposible no emocionarse al contemplar la carrera del negro grandote, que tanto había tenido que soportar en alguna pista ACB ("negro, cabrón, recoge el algodón" le habían cantado), y su sonrisa de niño pequeño antes de abrazarse al resto celebrando que, tres años después, el Madrid volvía a ser campeón.

martes, 5 de enero de 2016

Año nuevo, entrenador nuevo

-Me apena mucho la destitución de Benítez. No porque me parezca que deba continuar, sino por el hecho de que alguien tan comprometido y con tan buenas intenciones haya fracasado estrepitosamente. Su carta de despedida y el haber perdonado dos años de contrato su actitud demuestran que estamos ante un auténtico caballero. Ojalá le vaya bien.

-Respecto a la vieja discusión de Ancelotti, ya expuse mi opinión. Los gloriosos triunfos de la primera temporada y las derrotas de la segunda dependen, ambos, de detalles muy concretos. Pensamos en el minuto 93 y el gol de Bale en 2014, y también la mala suerte contra el Valencia, el Barça y hasta en la vuelta de la Juve en 2015. Luces y sombras, para mí debió continuar. En cualquier caso, qué más da.

-Zidane. El Madrid se aferra al mito, pero su rendimiento es una incógnita. Eso sí, tenemos al fin nuestro Guardiola en el terreno de la imagen: exjugador, educado, bien vestido y calvo estiloso. Frivolidades aparte, resulta curioso comprobar cómo se despidió a Carlo para, seis meses después, acabar con el segundo de Carlo. Ojalá salga bien, pero es la repanocha.